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UNA PARÁBOLA PASTORAL

Había un hombre viejo que por muchos años habitaba en una aldea chica, y pastoreaba también una pequeña pero creciente congregación.

   No era rico, pero sí era feliz. No tenía radio ni televisión. Pocas veces llegaban a la aldea para vender periódicos. Viajaba “afuera” muy poco. Pasaba todo su tiempo visitando, evangelizando, disimulando y exponiendo la Palabra de Dios.

   Atendía bien a su congregación y ésta crecía cada mes. Como consecuencia, pedía más literature, Biblias y otros materiales. Formuló planes para dirigir la construcción de un templo nuevo pues por causa del crecimiento de la congregación, resultaba muy pequeño el edificio existente.

   Pidió ayuda de su Superintendente. Un ayudante o co-pastor…. le enviaron un joven, recién graduado de un Instituto Bíblico.

   El nuevo asistente dijo: “Hermano pastor, ¿no sabe usted que vivimos en tiempos de gran escasez, mucho desempleo, devaluación y grandes peligros en el mundo? Hay una decadencia grande…la reincidencia es peor que nunca, la literatura cristiana es muy costosa. La gente ahora es muy dura, hay que conservar lo que tenemos. La gente es demasiado pobre para edificar nuevos templos. Los hermanos son demasiado ocupados, y no debemos exigir mucha participación de ellos. Las iglesias no avanzan como antes.”

   El viejo pastor comenzó a dedicarse a conservar y discipular a los hermanos. Dejó de visitar, evangelizar, pedir literatura y recibir ofrendas para la construcción. Dejó de pedir diezmos de los hermanos “¡tan pobres!”

   Cesó de convertirse la gente. Ya no llegaban visitas a los servicios religiosos, unos viejos murieron, otros se mudaron a otras partes.

   La asistencia bajó notoriamente, y las ofrendas mermaron.

   “De veras,” dijo el viejo pastor al joven: “tiene usted razón, vivimos en tiempos de grandes problemas, mucha reincidencia y gran pobreza. La obra no avanza como antes, así que ¡ya no hace falta un templo nuevo….!”

Eclesiastés 11:4: El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.

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