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EL ARTE DE ENSEÑAR

Un niño es un reto y una promesa, un reto a nuestra capacidad de amar, a nuestra paciencia, y un desafío de alta exigencia que nos provee grandes satisfacciones.

Una promesa de futuro, es la llave que nos conduce a un mundo mejor, es un proyecto de humano que avanza cada día, que piensa, siente y actúa. Un niño es una fuente inagotable de alegría, energía y deseos de aprender.

Existen muchos factores que influyen en él, la familia su primer laboratorio, la escuela y los maestros, los amigos, la comunidad entera, los medios de comunicación, etc. Todos ellos pueden tener efectos positivos y negativos sobre el niño, todo depende de cómo su utilicen los recursos en cada escenario.

Extraer de ese niño lo mejor es un arte, encontrar y pulir lo más brillante, lo más útil y bello exige de todos los que le atendemos poner al servicio de esa tarea nuestra mente positiva, el poder creativo, el amor en acción y nuestro intelecto para ir creando junto al niño un producto cada día.

Cuando se revisa lo referente a la influencia de la escuela del niño, es evidente que este efecto va mucho más allá del campo cognoscitivo, la escuela moldea a profundidad la personalidad del niño, sobre todo el maestro quién sólo es superado en este aspecto por los padres, ellos ocupan el primer lugar de su influencia. Esto explica por qué en la mayoría de los casos resulta más relevante el tipo de actitud de personalidad del maestro como elemento modelador en el niño que sus conocimientos o sus capacidades de enseñanza. Así tenemos que maestros bien adaptados suelen tener actitudes cálidas y de aceptación hacia sus alumnos, esto los motiva para que trabajen bien y acepten las normas, además de desarrollar en los niños autoconceptos favorables y realistas.

Por el contrario, los maestros mal adaptados establecen un modelo de conducta desajustada que los alumnos tienden a imitar. Los alumnos pueden sentirse inadecuados, resentidos, sienten antagonismo no sólo hacia sus maestros, sino, con el tiempo, hacia todas las personas con autoridad. Con el tiempo aumentan las probabilidades de profundizar rasgos indeseables que vienen desde el hogar.

En el ambiente escolar también encontramos las vivencias de éxito o fracaso y su efecto sobre el autoconcepto del niño. El éxito (reconocimiento, felicitaciones, buenas notas, cartelera o premios) estimula al niño y su familia a mantener la participación activa en el proceso de aprendizaje. El fracaso (malas notas, regaños, no promoción de grado, exclusión de paseos ó bailes, etc.) tiene un efecto negativo en el autoconcepto del niño y genera en muchos casos la falta de aceptación en los padres, maestros ó antiguos compañeros.

Pensando en todo esto reflexionemos acerca del tipo de influencia que se está ejerciendo sobre los niños por sus docentes cada día, durante todo el año escolar.

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